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EL MUNDO DE LAS ESTRELLAS Y
LA VÍA LACTEA |
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Miles de millones de estrellasPongamos primero de relieve el enorme abismo espacial que separa nuestro sistema solar de las estrellas, aun de las más próximas. Estas se encuentran a algunos años luz de distancia; las más lejanas, visibles a simple vista, a varios millares. El telescopio, finalmente, revela estrellas distantes varias decenas de millares de años luz. A título de comparación, las ondas radio emitidas por una sonda Voyager que transmite los clichés de Saturno y de sus anillos necesitan poco más de una hora para llegar a la Tierra; desde la Luna basta un segundo y medio; desde los satélites artificiales en órbita terrestre, no más de una ínfima fracción de segundo. Esto da una idea de las proporciones entre los espacios interestelar e interplanetario. La exploración del universo estelar comienza por la medida de las distancias a las estrellas. La inicié, entre 1837 y 1840, el astrónomo alemán Friedrich Bessel (1784- 1546), que, con un telescopio dotado de un dispositivo destinado a medir la distancia angular a partir de dos estrellas mucho más débiles.
El método de medida es sencillo; se funda en el efecto de paralaje que resulta del movimiento orbital de la Tierra. Por lo que se refiere a la determinación de las distancias del Sol y de los planetas, tomamos como base la cuerda del arco de meridiano comprendido entre los paralelos de dos observatorios situados a latitudes muy diferentes. Pero para las estrellas claramente más lejanas debemos elegir una base mucho mayor: el. diámetro de la órbita terrestre. En efecto, ya que la Tierra gira alrededor del Sol, aparentemente las estrellas deben desplazarse de forma progresiva. Sólo la precisión de los instrumentos realizados en la primera mitad del siglo xix permitió registrar el desplazamiento periódico anual por el efecto de paralaje. La medida de la paralaje de una estrella, cuando es posible, nos informa sobre su distancia al sistema solar en función de la base recorrida por la Tierra, es decir, de la distancia Tierra-Sol, llamada unidad astronómica (E(A). La paralaje de la estrella más próxima, o sea, el ángulo bajo el cual se vería desde esta estrella el radio de la órbita terrestre, es inferior a un segundo de arco. La distancia de las estrellas, medida en pársec (pc: nombre compuesto por los fonemas iniciales de ‘paralaje’. y “second”, segundo), está dada, por definición, por la inversa de la paralaje expresada en segundos de arco. Para convertirla en kilómetros hay que conocer el valor de la unidad astronómica. Con una paralaje de 1” correspondiente a 206.265 UA, resulta que 1 parsec = 206.265 UA = 206.265 x 149.600.000 km = 3,086 x 1013 km, es decir, unos 30 billones de kilómetros.
El megaparsec (Mpc) vale 1 millón de parsecs. Otra unidad de medida, más cómoda por más sugerente, el año luz (al.), es la distancia a la cual, a su velocidad de 300.000 km/s, la luz se propaga en un siso; equivale a 63.200 UA. Un parsec vale 3,26 al. Desde que los astrónomos disponen de medios fotográficos han medido la paralaje de miles de estrellas. No ha sido fácil, y es necesario mucho trabajo para extraer valores precisos de las observaciones en bruto. Ocurre que los desplazamientos angulares de una estrella próxima se miden siempre con respecto a estrellas más alejadas. La paralaje así obtenida es, pues, hablando propiamente, una paralaje relativa. Se determina la paralaje absoluta a partir de la paralaje relativa aplicando correcciones, siempre muy pequeñas pero significativas, a las estrellas de fondo. Por lo que se refiere a las paralajes de estas últimas, mucho más alejadas, se obtienen por métodos indirectos. Algunos de estos métodos son puramente geométricos y utilizan el efecto de perspectiva que se produce en el movimiento aparente de las estrellas integrantes de los grupos estelares, que son los enjambres galácticos. Se llega así a un centenar de parsecs. Otras técnicas permiten ir aún más lejos, pero requieren el conocimiento de cantidades, como la masa o la luminosidad de las estrellas, que a su vez sólo pueden determinarse indirectamente.
El movimiento de las estrellas Otro descubrimiento importante de la astrometría en el siglo pasado fue el de los movimientos estelares. Se comprobó en efecto que ciertas estrellas, cuando se las sigue durante varios años, cambian de posición con respecto a las otras de una manera sistemática que no tiene nada que ver con el movimiento paraláctico. Se obtuvieron al principio estos resultados gracias al instrumento meridiano que mide la posición y la horade paso de unas estrella en el plano del meridiano. La comparación de estas magnitudes de un año a otro permite registrar el desplazamiento relativo de las estrellas. Más tarde se compararon clichés fotográficos del mismo campo tomados con instrumentos tipo astrógrafo. Los desplazamientos correspondientes, generalmente muy pequeños, se revelan mediante instrumentos de medida de una gran precisión. La medida de la velocidad radial (velocidad con la cual una estrella se aproxima o se aleja del Sol) por un método espectroscópico acaba caracterizando el movimiento de una estrella. El movimiento propio de una estrella es el cambio que sufre en su dirección en el cielo; se expresa habitualmente en segundos de arco por año. El procedimiento moderno para determinar estos movimientos es comparar las posiciones de las imágenes de estrellas sobre dos fotografías de la misma región del cielo tomadas al menos con veinte años de intervalo.
Brillos estelares y magnitudes El brillo aparente de las estrellas había llevado a los antiguos agruparlas en 6 clases de longitud, definidas arbitrariamente. Al no estar las estrellas, como creía erróneamente Ptolomeo, fijas en una esfera etérea alrededor de la Tierra, sino situadas a distancias sumamente variadas, hablamos de brillo «aparente» porque la luz que percibimos no revela el brillo real, es decir, la cantidad de luz que emiten las estrellas; la que se percibe depende igualmente del alejamiento. De todas maneras, en la medida del brillo deben corregirse los efectos de la absorción de los rayos por la atmósfera terrestre, así como la sensibilidad propia de los instrumentos de medida utilizados, a fin de que estas magnitudes sean comparables de un observador a otro. Según una proposición de Norman Pogson (1809-1891), el brillo aparente de las estrellas se mide en “unidades de magnitud”: cada vez que la magnitud disminuye en 5 unidades, el brillo aumenta 100 veces. La escala se invierte: cuando la magnitud aumenta, el brillo disminuye. Para comparar las luminosidades intrínsecas de las estrellas, es decir, para saber en que medida una estrella emite más o menos luz que otra, es necesario calcular la magnitud que las estrellas tendrían si estuviesen todas situadas a una misma distancia. Esto es fácil para las estrellas de distancia conocida pues una ley física estipula que la cantidad de luz que nos llega disminuye con el cuadrado de la distancia de la fuente. Los astrónomos han fijado una distancia estándar de 10 Pc, es decir, 32,6 al.; conociendo la magnitud aparente de una estrella, calculan cuál seria esta magnitud si la estrella se encontrase a 32,6 al. Una vez calculada, esta magnitud se llama absoluta. Así pues, sí una estrella esta más cerca que 32,6 al., parecerá debilitada a esta distancia, y su magnitud absoluta será entonces superior a su magnitud aparente; y viceversa, una estrella más alejada que 32,6 al. tiene una magnitud absoluta M inferior a su magnitud aparente m. Como a esta distancia sólo se encuentran unos centenares de estrellas, los otros millones y miles de millones de estrellas tienen una magnitud absoluta inferior a su magnitud aparente.
La luz de las estrellas Todo cuerpo a una temperatura determinada emite una radiación electromagnética. A bajas temperaturas, esta radiación es sobre todo infrarroja o de radio, mientras que a muy altas temperaturas es ultravioleta, X o gamma. Planck estudió la distribución de la energía en función de la longitud de onda para un cuerpo ideal, llamado cuerpo negro., a una temperatura dada. Este cuerpo ideal de referencia, definido como el que absorbe toda la radiación que recibe, parece negro si no se calienta hasta el punto de emitir una luz propia. El estudio de la distribución de la energía emitida por las estrellas en función de la longitud de onda ha mostrado que, en una primera aproximación, una estrella irradia como un cuerpo negro. Fundamentalmente, la radiación estelar es una radiación térmica, y la luminosidad de una estrella, o sea, la energía que emite por segundo en el conjunto del espectro electromagnético, es proporcional a la cuarta potencia de la temperatura absoluta, expresada en grados K (la escala Kelvin de las temperaturas tiene su cero absoluto a 273,2 C; por lo demás, es equivalente a la escala Celsius. Da lo mismo, pues, hablar de 1.000’Code 1.273,2 K). Esta última relación es la ley de Stefon; si, por ejemplo, la temperatura pasa de 1.000 K a 2.000 K, la cantidad de energía irradiada globalmente sobre todas las longitudes de onda crecerá en 24 (= 16) veces. Otra ley, fundamental en astrofísica, la ley de Wien, afirma que la longitud de onda correspondiente al máximo de densidad de energía irradiada por el cuerpo negro es inversamente proporcional a la temperatura absoluta. Así, expresando la longitud de onda 1. en micras (1m= 1 milésima de milímetro), tenemos: 1 — 2.900 / T (2.900 es el valor de la constante de Wien). Por ejemplo, a 2.900 K, el máximo de densidad de energía radiante corresponde a la longitud de onda de 1 p. Las estrellas son masas gaseosas en cuya región central se reproducen reacciones termonucleares que liberan energía en forma de radiación. Esta interactúa ron la materia estelar, y sólo nos llega la radiación emitida por las rapas superficiales de la estrella, la atmósfera estelar. Cuando se examinan los espectros estelares, puede comprobaras la presencia de numerosas rayos. Estas rayas se deben a la absorción de la radiación por los átomos presentes en la atmósfera estelar. Para un elemento dado, a menudo es posible calcular sus diversas transiciones posibles. Cada transición corresponde a la absorción de los fotones de una longitud de onda bien determinada. Pero es posible, en principio, observar otra radiación procedente de las estrellas, la de los neutrinos. Estos se producen a causa de las reacciones nucleares que tienen lugar en el centro de la estrella. La característica más importante de estas partículas es la de poder atravesar cantidades enormes de materia sin sufrir interacciones; atraviesan así directamente todo el espesor de una estrella sin ser frenadas ni desviadas romo lo son los fotones de la radiación óptica. Si se pudieran observar, se vería directamente lo que ocurre en la región central de la estrella, la más interesante. Los neutrinos cumplirán así un papel análogo al de los rayos X, que permiten ver en el interior de un ser vivo.
La clasificación espectral A principios de siglo, los astrónomos del observatorio de Harvard propusieron una clasificación espectral moderna. Una vez que obtuvieron los espectros de 225.000 estrellas, las agruparon según su aspecto, determinado por la intensidad de las rayas del espectro. Cada grupo recibió una denominación expresada a través de una letra. Las cloaca espectrales se ordenaron entonces de tal manera que el paso de un grupo al siguiente se hiriese ron una variación casi continua del aspecto de los espectros y según el orden decreciente de las temperaturas. Resultó de ello una secuencia O, B, A, F, G, K, M (lo que los estudiantes de Harvard memorizan gracias a la frase Oh, Be A Fine Girl, Kiss Me!). A fin de precisar más esta clasificación, rada grupo fue dividido en diez subclases, o tipos, identificados por una cifra del O al 9 asociada a la letra de la clase. Hasta 1925 no se elaboró una interpretación física de esta clasificación gracias al descubrimiento de las leyes de la ionización de los átomos (1920). El análisis de los espectros ha mostrado que, en un mismo tipo espectral, ciertos rayos difieren en intensidad de una estrella a otra. Ello puede producirse en estrellas de igual temperatura pero cuya presión atmosférica difiere. Si dos estrellas tienen la misma temperatura pero rayas diferentes, la gravedad, así romo la presión, son más débiles en la atmósfera de la estrella más grande. Las presiones débiles favorecen la ionización, y los espectros serán, pues, diferentes.
El diagrama de Hertzsprung-Russell En 1911, el astrónomo danés Ejnar Hertzsprung (1873-1967) comparaba los colores y las luminosidades de las estrellas que forman parte de un enjambre estelar, es decir, de un conjunto de estrellas ligadas por la gravitación y situadas todas a la misma distancia del Sol. En 1913, el norteamericano Henry Russell (1877-1957) hizo una investigación similar sobre las estrellas próximas al Sol registrando las magnitudes absolutas de las estrellas de distancia conocida en función de la clase espectral. Estas investigaciones condujeron a un descubrimiento de primera magnitud sobre la relación entre la luminosidad y la temperatura efectiva de las estrellas. El diagramo que, para un grupo de estrellas, representa la variación de uno de estos das parámetros en función del otro se llama diagramo de Hertzsprung-Russell, o, de manera abreviada, diagrama HR. La magnitud absoluta se deduce de la distancia y de la magnitud aparente. En este diagramo, la mayoría de las estrellas se reparten a lo largo de una franjo relativamente estrecha que va de la parte superior izquierda (región de las estrellas muy calientes y muy luminosas) hacia la parte inferior derecha (región de las estrellas frías y poco luminosas). Esta franjo se llama secuencio principal, o secuencio de las enanas. Por encima de la secuencio principal se encuentran las estrellas frías y de gran luminosidad, las gigantes, y luego estrellas aún más luminosas, las supergigantes. Por fin, en el ángulo inferior izquierdo se encuentra el grupo de las enanas blancos (recordemos que cuando se habla de enanas, de gigantes o de supergigantes no se trata sólo de una indicación concerniente al tamaño de una estrella, porque este tamaño depende, a luminosidad igual, del tipo espectral). Otra aplicación esencial del diagrama HR es lo determinación de los distancias estelares. En efecto, en el diagramo, el conocimiento de la clase espectral de una estrella nos informa sobre su magnitud absoluta. La comparación de ésta con la magnitud aparente da, pues, la distancia.
Las estrellas variables Fenómeno conocido desde la antigüedad, el brillo de ciertas estrellas es variable. La variabilidad del brillo a través del tiempo puede predecirse para ciertas categorías de estrellas variables, y la curva de luz que describe esta variación permite entonces caracterizarlas. Las variables periódicos pulsantes son aquellas variables cuyos cambios de brillo provienen del hecho de que se dilatan y se contraen alternativamente. Las fluctuaciones de las variables con eclipses resultan del movimiento de dos estrellas vecinas que giran una entorno a la otra, y de tal modo que la Tierra se encuentra casi en el plano de su órbita. Cuando lo más luminosa pasa delante de la más brillante hoy una especie de eclipse, y el brillo total disminuye. Cuando se presentan juntas, en cambio, el brillo global pasa por un máximo. Son, pues, falsas variables: sus fluctuaciones sólo se deben a una apariencia y no se derivan de fenómenos propios de su misma estructura. Las variaciones de brillo de las variables semirregulares e irregulares son imprevisibles. Las novas, o variables eruptivas, son estrellas cuyo brillo aumenta en el espacio de unas horas o de unos días en un factor que puede alcanzar unos centenares de miles de veces su luminosidad inicial, con uno desviación de 7a 16 magnitudes. Después de su crecimiento repentino de luminosidad vuelven lentamente a su brillo primitivo. A veces conocen uno nueva explosión al cabo de unos años: son las aovas recurrentes. Se conocen numerosas novas; ya en 1976, 179 de ellas estaban en la nómina de nuestra Galaxia. Las supernovas son igualmente estrellas eruptivas, pero mientras que la explosión de una nova sólo afecta a sus capas externos, lo de una supernova constituye una fantasmagórica llamarada” que libera a veces tanta energía como mil millones de soles y anuncia el fin próximo de la estrello en cuestión. Sólo permanece en su lugar una masa informe de gases ardientes en expansión. Sólo 3 supernovas han sido observables a simple vista desde el comienzo del período histórico: en 1054, 1572 y 1604. Posteriormente, los tales-copias han ido permitiendo descubrir otras. Así, el 28 de marzo de 1993, el astrónomo aficionado español Francisco García Díaz observó lo supernova SN 1993-J (la décima de ese año). Resultó ser la supernova más brillante aparecida en el hemisferio Norte en los últimos cincuenta años. Lo observación de supernovas con las técnicas actuales está permitiendo hacer grandes progresos en ramas como la astronomía X, o gamma, o en el estudio de la radiación cósmica galáctica.
Púlsares y estrellas de neutrones En 1967, en la campiña inglesa, cerca de Cambridge, Tony Hewish terminaba la instalación de un radiotelescopio para estudiar el centelleo de las radiofuentes extragalácticas. Jocelyn Bali, su discípulo, detectó una señal que se reproducía todos los días a la misma hora sideral (tiempo con respecto a las estrellas), lo que indicaba el origen no terrestre de esa señal. Medidos tomados con alta resolución temporal revelaron que esto fuente, el primer púlsar, designado más tarde como CP 1919, lo que significa.”Cambridge Pulsar” situado a 19 h 19 m de ascención recta.’ coordenadas correspondientes, para el cielo, a la longitud geográfica), presentaba picos en su señal radio a intervalos de 1,337 379 segundo. El púlsar genera una emisión rodio constante. Nosotros la percibimos, sin embargo, como una sucesión de breves destellos aislados porque la mayoría de los púlsares giran sobre su eje. En realidad, como son más pequeños que las estrellas normales, pueden girar muy deprisa y dar varios giros por segundo. Durante esta rotación, la corriente de radiación que proviene de su superficie borre el espacio como la luz de un faro giratorio. Si la Tierra se encuentra en la trayectoria del rayo giratorio recibe un breve destello de radiaciones a codo rotación completo del púlsar. Desde su descubrimiento, los púlsares habían aparecido claramente como objetos mucho más pequeños que una estrella normal. Sin embargo, desde 1968, observaciones más exactos hicieron evidente el hecho de que sus impulsos tienen una estructuro complejo que revelo microfluctuaciones de una duración de unas milésimas de segundo; unas variaciones de tal rapidez implican que la fuente tiene dimensiones inferiores a unos centenares de kilómetros, lo que excluye, pues, que estos objetos puedan ser enanas blancas. Debe de tratarse, pues, de estrellas de neutrones (por estar esencialmente compuestas de un gas de neutrones). Una primera indicación general de su emplazamiento la da el hecho de que los púlsares aparecen sobre todo a lo largo de la Vía Lácteo y parecen concentrarse, pues, en el piano ecuatorial de la Galaxia; son, pues, objetos galácticos, y el hecho de que los primeros que fueron descubiertos disten, como media, unos 2.500 al, indica que son cuerpos galácticos muy alejados del Sol. Cuando se produjo el descubrimiento de los pulsares, Hewish los situaba ya en la Galaxia pero fuera del sistema solar, y sugería su posible identificación con estrellas de neutrones, cuya existencia hipotética se discutía desde hacía unos diez años, pero cuya existencia real en el universo no había llegado a probarse nunca. |
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